BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 2

16 de Febrero de 2018

Ushuaia, Tierra del Fuego  54°48′26″S 68°18′16″O

Me hubiera gustado dormir un poco más. Remoloneé un poco entre las sábanas, pero sabía que si me quedaba en la cama no tendría tiempo para desayunar y llamar a casa. Empezamos la sesión a las 8.30. No pude resistirme a sentarme en primera fila. Esa mala costumbre de empollona de la clase seguía atormentándome.

La primera en hablar fue Kit. Era más alta, más flaca y más rubia de lo que parecía en las llamadas. Su pelo corto y sus gafas de alambre le daban un toque ejecutivo que un ajustadísimo vestido azul brillante se encargaba de confirmar. Simpática, pero seca, enviaba un mensaje un tanto contradictorio, que nos dejaba pensando: Pero ¿Y esta señora…? Nos explicó la dinámica del día y dio paso a una alegre y chispeante Karen quien lucía un micro a lo Madonna con bastante dignidad. Dos muletillas se cruzaban en su discurso. Un recurrente ahhhh y un siseo un tanto molesto. Después de un rato mi cerebro dejo de fijarse en ellos y pudo concentrarse en el mensaje.

Durante aquella mañana trabajaríamos en grupos para aprender qué significa tener una conversación y lo que es más importante cómo tenerlas.  He de reconocer que mi escepticismo crecía por momentos. Consciente de ello, decidí dejar aplacar al (orco) crítico que hay dentro de mí y disfrutar de lo que me trajera la mañana.  El punto álgido llego antes de comer cuando nos enseñaron a dar y recibir críticas, esto solo da para otra entrada de blog. Allí fue cuando conocí a Jill y a Xuehua. Jill, era un poco más alta que yo, llevaba una coleta rubia y una postura un tanto forzada. Cuando descubrí que era veterinaria en la reserva del ejército americano no pude evitar pensar ¿Qué hace esta señora aquí? Tardaría poco en descubrir que lo mismo que yo, intentar construir alternativas a un mundo con una sostenibilidad distraída. Xuehua, de pelo negro, largo y liso. Parecía tímida pero curiosa, como una ardilla en medio del bosque. Aquella ardilla resultó ser catedrática en política medioambiental y cambio climático en la Universidad de Sichuan.

Seguimos trabajando en ello toda la tarde. Sarah parecía invisible en aquella mesa. Se había reservado un rincón silencioso desde el que nos observaba con ojos brillantes. Fabian, la creadora del programa, nos pidió que trabajáramos por parejas con alguien con quien no hubiéramos trabajado antes. Di la vuelta a la mesa, me planté delante de ella y le pregunté:

-¿Quieres ponerte conmigo?

-¡Claro!- Fue la primera vez que vi su sonrisa valiente. Me gusta Sarah, pensé.

– Cuéntame, ¿A qué te dedicas?

– Soy pediatra, investigo los factores que determinan la malnutrición infantil y cuáles son las maneras más eficaces de combatirla. – Su descripción fue mucho más larga y detallada, pero creo que por ahora con esto puede valer.

Me contó que durante los últimos diez años había visitado, y vivido, en la mayoría de los países de oriente medio y el sur de Asia. Pero ya estaba un poco cansada de su vida nómada y estaba lista para echar raíces. Cuando la oí me pregunté si yo en algún momento querría echar raíces, y si cuando quisiera, podría. Me preguntó a qué me dedicaba y el síndrome del impostor me abofeteó de nuevo… Yo estudio gaviotas, empecé. Pero algo del trabajo hecho durante todo el año se sobrepuso y le explique con gracia lo importantes que son los modelos en ecología de poblaciones para proteger la biodiversidad frente a los retos que supone el cambio climático. Olé yo.

Kit interrumpió nuestra conversación y dio paso a Marshall. Un hombre de unos 60 años, calvo y con un ligero sobrepeso que vestía como un monaguillo. Era hora de trabajar individualmente.

-Poneros donde queráis y quiero que respondáis a las siguientes preguntas – Mientras él las hacía, yo las respondía mentalmente.

– ¿Por qué estás en Homeward Bound?

– Porque creo en su visión, creo que es importante visibilizar la figura de la mujer en la ciencia y garantizar su inclusión en los procesos de toma de decisiones a nivel global.

– ¿Qué esperas conseguir?

– Convertirme en una versión mejorada de mi misma y saber qué tengo que hacer para conseguir que la ciencia tenga un mayor impacto a nivel sociopolítico.

– ¿Por qué es importante para ti?

–  Porque quiero contribuir a la construcción de un mundo más respetuoso y más sostenible.

– ¡Madre mía, soy un repollo! – pensé.

– Además, quiero que uséis estas cartas y elijáis cuales son vuestros valores. Necesitáis elegir 10 para cada una de las dimensiones del plan estratégico: Relaciones, trabajo y uno mismo. Ordenarlas de más a menos importante. La sala se llenó de un murmullo agitado.

– ¿En serio? –  Mi orco escéptico volvió a despertarse junto con mis ganas de cenar. Pero por primera vez en todo el día tendría un ratito para estar sola y hacer lo que me apeteciera. Busqué un rincón en la sala y me puse a ordenar mis valores. Tardé más en extender y colocar las cartas que en elegirlos y ordenarlos. Lo que más me sorprendió era que la mayoría de las chicas no tenían tan claro cuáles eran sus valores. Igual sí que hacía falta hacer el ejercicio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *