BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 3

18 de Febrero de 2018

Ushuaia, Tierra del Fuego 54°48′26″S 68°18′16″O

Homeward Bound se prepara para partir. El barco dejará el puerto de Ushuaia a eso de las 18. La espera es agotadora.  El ambiente es extraño. Hay quien tiene miedo, quien tiene emoción, nervios, ilusión… Y hay quienes lo tienen todo.

Yo, no tengo claro lo que siento. Es un poco raro que por fin haya llegado el día. No dejo de apretarme los pulgares y de atrapar los nudillos de una mano con los de la otra mano. Igual sí que estoy un poquito nerviosa.   Tras el desayuno hemos tenido un ratito de reunión en el que nos han explicado un poco como iba a ser la logística para dejar el hotel e ir al barco. Durante ese ratito también hemos tenido tiempo para compartir con el resto del grupo como nos sentimos. Supongo que así unas pocas verbalizaban lo que todas estábamos sintiendo. Adriana se ha levantado y ha contado como su compañera de cuarto se ha despertado a media noche gritando desconsolada porque se había olvidado su maleta especial. No sabía qué había en su maleta que la convertía en un objeto tan especial, pero, al parecer, llevaba teniendo ese sueño desde que había empezado su andadura en Homeward Bound. Yo sentada al otro lado de la sala, contemplé como mi compañera de cuarto había conseguido convertir mi pesadilla en algo útil para todo el grupo. Suponía que todas teníamos una maleta especial y era importante no olvidarse de ella. La sala aplaudió y yo no pude por menos que levantarme y decir: Por cierto, la de la maleta era yo.

Ya habíamos bajado las maletas y empezamos a saturar el wifi del hotel llamando a casa. Antes de montarnos en el bus al barco, teníamos que ver como metían nuestra maleta en el camión. Así se aseguraban que todas llegaban. La mía, al ser especial, entro la última en el camión igual que yo en el autobús.

 Llegamos al barco a las 16. Todo pasó muy rápido, pasaportes, habitaciones, chalecos salvavidas, zafarrancho de abandono… Después del caos nos dieron una copa de champán. Yo que normalmente tengo gustos más austeros, creo que no supe apreciarlo. Me apetecía ver salir el barco del puerto a través del canal. Había un poco de niebla y apenas podíamos ver 100-200 metros. Aun así, subí a la cubierta sobre el puente con Paola y Adriana.

– Sabéis que esta es probablemente la copa de champán más cara de nuestras vidas. 

– ¡Cállate vieja!

– Por nosotras- rieron.

Aproximadamente a eso de las 3 de la madrugada saldríamos a mar abierto y nos enfrentaríamos con el temido estrecho de Drake. La doctora Delia, una venezolana de pelo rapado, mono azul y gafas rosas, apareció en el comedor con una bolsa de plástico llena de pastillas para el mareo.

-Aquí las pastillas para el mareo, os tomáis una ahora y otra mañana a las ocho de la mañana. Si os da sueño os vais a dormir y tan a gusto.

Se abrió la veda. Cada una de nosotras estaba dispuesta a contarle nuestra casuística y nuestro particular remedio para el mareo.

-Me da igual si estáis tomando pastillas, parches o lo que queráis. Os tomáis las mías también.

-Pero

-Te tomas una ahora y otra mañana por la mañana.

Me pareció estupendo. Me tomé la pastilla y me fui a dormir. Ya había tenido suficientes emociones por un día.

 

*El día 17 no fue un día muy exótico y he decidido saltármelo.

 

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