BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 20

6 de Marzo, 2018

Cristal Sound

66°23′S 66°30′O 

 

Lo que escribí el 6 de Marzo en mi diario no hace justicia  a la belleza que me rodeaba.

Aquellas páginas rabiosas describen mi frustración por ver como sin quererqueriendo habíamos reproducido el sistema que tanto ansiabamos cambiar. Teníamos una estructura jerárquica dónde no cabían todas las voces. La diversidad brillaba por su ausencia. 

Eramos tan blancas y privilegiadas como los mares que navegabamos.

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 19

5 Marzo 2018

Base de Rothera, BAS

67°34′7″S 68°07′25″O 

Tenía la barba pelirroja, llevaba una chaqueta de paño y dos lazos de cuerda en las botas, uno para atarlas y otro para colgarlas. No pudo evitar que alguien le preguntara si era escocés. No contestó, pero nos devolvió una media sonrisa mezcla de cariño y hastío. Nuestra presencia en la base rompía su rutina y eso parecía compensar nuestros maltrechos chistes.

 Le seguimos hasta a la cima de una pequeña loma a la derecha del muelle. En aquel alto rendían homenaje a los que habían caído a manos del hielo y sus guardianes. La mayoría en los años 50-70 cuando las medidas de seguridad no se interponían al ansia de descubrir aquel paraíso. Quien s sí lo hacia era el hielo, abriéndose bajo sus pies, dejándoles desamparados en un mar helado y abocándoles a una muerte segura. La excepción era una placa en recuerdo de la jefa del equipo de buceadores, que murió ahogada por una foca leopardo hace un par de  años.

Dos asistentes particularmente entusiastas nos enseñaron los laboratorios. Tenían priapúlidos del tamaño de una mano. Flipa.Pero creo que lo que más me gustó fue ver todo el equipo que usaban para ir al campo. Casi todo lo que usaban era viejo. No había nuevos materiales. Madera, piel, grasa… Requieren menos mantenimiento, son más fáciles de reparar y dan mejor resultado.

Pasé un rato charlando con Jess, la directora de la base y que fue estudiante de doctorado de mi actual jefa. Nos contó cómo empezó haciendo campo en las Falklands y sin saber muy bien cómo ha acabado enamorada de la vida en tierras remotas. Antes de marchar le di un pequeño regalo, una foto de Tomeu- ¡ahora ya estás en los todos continentes!

La tarde transcurrió abriéndonos camino entre el hielo que cubría el  fiordo de Laubeuf. Láminas de hielo a ambos lados del barco. Era impresionante. Pasé toda la tarde en la cubierta de abajo.  No podía hablar con los marineros. Pero me dejaban estar allí. El día acabo a ritmo de música australiana, aunque para mí el mejor momento fue cuando Adriana conquisto la música por un momento y nos brindó un minuto de salsa.

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 17

3 de marzo de 2018

El círculo polar Antártico

Buenos días zarigüeyas, el desayuno se servirá en 5 ‘.

El estado de ánimo seguía enrarecido cuando empenzamos la sesión de la mañana. Después de la práctica de mindfulness (que para mí estaba empezando a parecerse demasiado a una oración matutina), algunas de los participantes hablaron sobre cómo se sentían. Estábamos dejando que el miedo nos detenga de lo que podría haber sido una experiencia irrepetible.

Nadie parecía contento. Ni el capitán, ni la tripulación, ni Greg. Yo tampoco.

Me sentí desconectada del grupo y busqué la conversación entre la tripulación. Fue agradable hablar con Julieta sobre cómo me sentía. El programa era demasiado paternalista y no sabía cómo gestionarlo. Me ofrecieron mate y compañía. Por un momento, me sentí mejor y más segura fuera de lo que era el “espacio seguro”.

Fuimos a explorar con las zodiacs. ¡Orcas! El primer grupo apareció en el lado izquierdo, 1 macho y 2 hembras. El segundo apareció por la derecha. No sabría decir cuántas había, pero los dos grupos se fundieron en un solo de más de una decena. Fue increíble. Sentí la alegría de estar allí.  En ese momento  era solo yo y las orcas. Me olvidé del grupo y Rothera. Apoyada en la proa de la zodiac disfruté del frío en mi cara. De fondo Julieta nos explicaba los secretos del ecosistema. Por primera vez en dos largos días, me sentí bien. Al regresar al barco fui a la cubierta inferior, a mi escondite y esperé allí hasta la hora de la cena.

Había lentejas para cenar. Odio las lentejas. Fabián vio mi cara, me guiño un ojo y me trajo pollo del menú de la tripulación. Durante el almuerzo, hablé con las chicas de cuál debería ser mi estrategia para los próximos años.

-Enfócate en la ciencia y el resto vendrá con el tiempo.

Ni siquiera estoy segura de lo que realmente significaba, pero aquella gran reflexión parecía tener sentido entonces.  Después del almuerzo, Greg y el capitán nos reunieron en el salón. Había un cambio de planes. Nos mostraron el pronóstico del tiempo y nos dijeron que iríamos a Rothera durante la noche. Las condiciones eran buenas y valía la pena intentarlo.

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 16

2 de marzo de 2018

Canal Neumayer 

64° 47′ 26″ S63° 8′ 21″ W

Buenos días Zarigüeyas, el desayuno estará listo en 5 ‘.

Habíamos cambiado de habitaciones. Dejé mi camarote en primera clase con Justine, para disfrutar de la tercera clase y de Isabel Zang Zang. Éramos un combo peculiar, como eran nuestros nombres. Dejamos a la suerte decidir quién iba a dormir en qué litera.  Mi piedra derrotó a sus tijeras. Me había ganado la litera de arriba y su ojo de buey. Me gustaba. Pasamos la tarde juntas caminando por la cubierta, después de más de una semana juntas en el barco a penas nos conocíamos.

El dilema de base de Rothera:

10 ‘después de la cena la faculty nos llamó para unirnos con ellos en el salón. Querían que les ayudáramos a tomar una decisión. ¿Ir a la Base Rothera o no? He ahí la cuestión.

El estrecho a través de la cual deberíamos cruzar hacia Rothera estaba bloqueado por el hielo. Eso significaba que tendríamos que pasar la noche navegando en mar abierto, en un mar sin calma. Nos pidieron opinión como si en verdad tuviéramos voto. El miedo a marearse crecía en las que habían estado sufriendo hasta ahora y algunas lágrimas empezaron a brotar. Quienes querían ir a toda costa, por un lado, quienes no querían en el otro y aquellas que no sabían o no querían opinar, todas en un limbo emocional innecesario. La discusión continuó demasiado tiempo y dejó a todos con un sabor amargo en nuestras bocas. El faculty nos dejó allí, para regresar diez minutos y decirnos que, aunque hubiéramos llegado hasta aquí, no íbamos a ir a Rothera.

La habitación se fundió a negro. Las que no querían ir lloraron en una mezcla nerviosa de alivio y culpa. Las que sí, sentíamos rabia y frustración.  Mi decepción y yo nos fuimos a la cama.

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 14

1 de Marzo de 2018

Port Lockroy

64° 49′ 31″ S, 63° 29′ 40″ O

Buenos días zarigüellas, el desayuno se servirá en 5’.

Cuando descubrí que había una oficina de correos en la Antártida ya era demasiado tarde. En un gran ejercicio de previsión había mandado todas las postales desde Ushuaia, porque sabía que a la vuelta no tendría tiempo de hacerlo. Sentí como si el pecho se me doblara por dentro. No sabía que me pasaba, pero cuando Julieta me preguntó que como estaba no pude por menos que echarme a llorar. Toda esa gente que me había apoyado y esperaba su postal podía haberla recibido desde la Antártida y no desde Ushuaia si yo no fuera una empanada. Julieta me arropó y me dejo llorar el disgusto mientras intentaba hacerme reír.

Cuando se me paso el mal rato me dediqué a pensar en los pingüinos. Daba igual donde fuéramos siempre estaban allí, rechonchos, caminando indiferentes al mar de caca y vómito sobre el que se desplazaban.

Habíamos llegado al ecuador del viaje. Nos merecíamos un descanso.

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 13

27 de Febrero 2018

Cuverville, Canal de Errera

64° 41′ 00″ S, 62° 38′ 00″ O

Buenos días zarigüellas, el desayuno se servirá en 5’.

La mañana empezó con Fabian leyéndonos un cuento sobre un pingüino miedoso. Me dejé llevar y seguí sus aventuras como si fueran las mías. Me di cuenta cuanto echaba de menos pasar las tardes escondida entre libros.

Tras el cuento empezamos la sesión de visibilidad que derivaría en discutir los estereotipos a los que nos enfrentamos las mujeres científicas. Fue desolador escuchar las experiencias que algunas valientes se atrevieron a compartir. Pasando por la sutil condescendencia hasta un mi supervisor de tesis mordiendo una teta. Si aquello era lo que podía contarse, me pregunté qué esconderían los silencios del resto.

Después de comer nos adentramos en el estrecho de Errera. Navegábamos entre hielo y ballenas. La sesión de coaching de la tarde, no pudo hacerle frente a tan sublime paisaje. Me escabullí por el comedor y salí a cubierta con Mel y Hilary. Cuando volvimos al salón, Greg nos miraba con ojos traviesos:

-Parece que alguien no ha podido resistirse…

Llegamos a Curverville. Poco a poco los pingüinos fueron acomodándose a nuestra presencia. Nos colocamos en un semicírculo y leímos las cartas a los pingüinos que Paola había traído desde distintas escuelas en los rincones más recónditos de Colombia. La mía era de un pequeño que decía:

La Antártida no le pertenece a nadie y existe la libertad.

Mientras nosotras leíamos, los pingüinos hacían sus cosas de pingüinos ( entrar y salir del agua, tropezarse con las piedras, chocarse unos con otros) completamente ajenos a nuestro gesto de agradecimiento a aquellos niños que supieron ilusionarse con la idea de salvar el planeta.

Volvimos al buque escoltados por una foca leopardo casi tan grande como la zodiac. Engullí la cena. Quería subir al puente a ver si conseguía ver las orcas. Llevábamos buscándolas todo el día y no habían aparecido.  Cuando llegué al puente estaban Cata, Julieta, Natacha y un par de oficiales. Pasé un ratito oteando el horizonte sin mucho éxito. El rosa se mezclaba con el hielo y la luna salía entre las montañas como si compitieran a ver quién era la más bonita.

-Orcas a la una y media- grité.

– ¿Seguro que son orcas? – dijo Alan.

– Sí.

Sentí como simultáneamente el buque viraba a babor y mis mofletes se sonrojaban de la emoción. Tenía el corazón calentito.

La luna se ponía a nuestra espalda mientras disfrutábamos de la puesta de sol.

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 12

26 de Febrero 2018

Palmer Station.

64°46′12″S 64°3′00″O 

Buenos días zarigüellas, el desayuno se servirá en 5’.

Adriana se había colado en mi cuarto para grabar el inicio del día. Sabía que estaría allí pero aun así me sorprendió. Me grabó desperezándome y bajando a desayunar. Tuve suerte, Greg estaba allí. Me senté con él. Me contó cómo el día de antes había estado observándonos desde el puente. Estuve a punto de avisar al resto de que había ballenas en la proa, pero no lo hice- me dijo. Mientras nosotras disfrutábamos del espectáculo él nos regaló la intimidad de aquel mágico momento.

Rebeca, la gerente de la estación, llegó al Ushuaia acompañada del técnico de laboratorio más alto que he conocido nunca. Su cabeza rozaba el techo del salón. Nos explicaron los programas científicos de USA y las distintas estaciones que tenían en la Antártida. Me sorprendió descubrir que la estación situada en el Polo Sur esta sobre una capa de hielo que se mueve 30 pulgadas al año por lo que de vez en cuando tienen que recolocar la marca para que esté donde toca. Al volver a la estación 10 de sus investigadores subieron al Ushuaia e hicimos una especie de speed dating. Entre ellos estaba la mujer más joven en invernar en el polo sur Marissa Goerke. Su historia fue cautivadora. Hablaba desde la seguridad de saber el respeto y admiración que causaría en nosotras lo que había conseguido. Tenía razón. Pasamos una tarde frenética entre LSI, strategy map y LSII. Cuando llegaron las 6 estábamos entrando en Paradise Bay para llegar a Gerlache.

El espectáculo no se hizo esperar. Menos de 15’ minuto después las ballenas empezaron a cruzar la proa del barco. Estaban tan cerca que parecía irreal. Los gritos se agolpaban frente las mamparas del buque. Ilusión, nervios, sorpresa. En aquella vorágine me escondí en el puente para guarecerme del frío y poder quedarme más tiempo. Al salir me encontré con Paola llamando y diciendo: te estaba buscando y no te encontraba. Esto no podía ser más precioso. Lo conseguimos. No es eso vieja, esto es tan bonito que duele.

 

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 11

25 de Febrero 2018

Neko Harbour, Andvord Bay

64°50′S 62°33′W

 

 Llegamos a Danco en el canal de Errera a eso de las 10. Teníamos que hacernos fotos para los sponsors así que nos quedamos juntas y fuimos en los dos últimos botes. Alicia y Alex en uno. Uxua, Adriana y yo en otro. No me apetecía subir a la montaña con el resto de la gente. El buque es grande pero no hay muchos espacios donde poder estar solo.

 

Me quedé junto a las rocas y pasé la excursión con Cata y Julieta, las líderes de la expedición. Entre las dos llevaban el ritmo de la expedición y se aseguraban de que todo fuera bien. Eran bien relindas las flacas. Fue un soplo de aire fresco hablar con ellas. Dejar por un momento el coaching, LSI, 4mat a un lado y charlar un rato.

 

Cuando volví al barco, tenía los pies congelados. Me metí en la ducha y casi me escaldé los pies con el agua. Decidí subir a la proa y disfrutar de la navegación sentada en la campana. Purvi llegó a hacerme compañía, poco después infinidad de ballenas empezaron a romper la superficie del agua. Estaban por todas partes.  Greg, como siempre nos miraba divertido desde el puente.

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 10

24 Febrero   2018

Norte del Estrecho de Gerlache

En algún lugar entre  63°44′S61°37′W y  63°40′S 60°47′W

Hemos pisado la Antártida por primera vez. La punta del continente helado. Aún no me acostumbro a tener frio en los pies. A veces la sensación de desamparo es tan grande que, aunque mi cabeza quiere quedarse en tierra, mi cuerpo solo piensa en volver al calor del buque.

-Julieta-Julieta, Julieta-Julieta

-Tin-Tin, Tin-Tin, recógelos y regresa al Ushuaia con paseo por los icebergs

-Te copio Julieta, Te copio.

Recorrimos un mar de hielo. Creo que no habría foto, ni relato que pueda describir la belleza de lo que albergan esas aguas gélidas de la Antártida. Es monstruosamente bello. Un Ohh perpetuo resuena al unisono en el salón cuando las ballenas rompen la superficie del mar. A veces basta que una sola persona las vea para alimentar la imaginación del resto. Me dan muchas ganas de señalar al vacio y gritar ¡Ballena! Solo pro ver si alguna de ellas consigue verlas, aunque no estén.

A la vuelta del paseo subí al puente. Me costó abrir la puerta, pero uno de los oficiales me dejó entrar. Creo que se habían olvidado de colgar el cartel que nos mantiene fuera. Trabajaban en trazar la ruta por la que navegaríamos en 5 días. Compás, carta náutica. Me explico cómo es difícil navegar dentro de lo legal en la Antártida. Las imprecisiones de las cartas y lo difícil de su tarea. Fue un ratito de aire fresco entre sesiones de liderazgo y estrategia.

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 9

23 de febrero de 2018

Isla Paulet 63 ° 35’S 55 ° 47’W

Altura 75cm (30in), peso 5kg (11lb). Los pingüinos Adelie fueron nombrados en honor a la esposa del explorador francés Dumont d’Urville, quien descubrió la especie por primera vez en 1837.

La caca de pingüino es particularmente pegajosa. Ni mejor, ni peor que la de las gaviotas, pero me hizo pensar que su viscosidad era singular. Toda nuestra ropa, nuestro equipo estaba cubierto de caca. Es curioso ver  como después de un tiempo ni siquiera lo notas. El hedor se convierte en parte de tu vida diaria e incluso comienzas a disfrutarlo.

Paulet Island, es una pequeña isla medio cubierta de hielo, medio cubierta de pingüinos. Aquí si tiene sentido explicaros por qué los pingüinos siempre tienen prioridad. No puedes acercarte a ellos más de 3 metros. Pero, si un pingüino curiosea a tu alrededor, y ten por seguro que lo harán, debes quedarte quieta y esperar. Cuando se aburra y se alejen puedes volver a moverte y a hacer tus cosas de explorador normal y corriente.

Paulet tiene una pequeña cabaña, fue construida por los supervivientes del naufragio de una expedición sueca a bordo del Antartic. En 1903 tras el naufragio el capitán Otto Nordenskjöld dejó la isla y fue en busca de ayuda a una estación “cercana”. Después de un largo viaje y todo tipo de casualidades volvería a Paulet para rescatar a “sus hombres”. Contento por su logro haría sonar la bocina del barco esperando que sus hombres salieran a darle la merecida bienvenida. Pero no salió nadie. Supongo tan enfadado como curioso bajo a tierra para descubrir a una veintena de escandinavos atascados en el entusiasmo de salir por la puerta de la cabaña.