BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 17

3 de marzo de 2018

El círculo polar Antártico

Buenos días zarigüeyas, el desayuno se servirá en 5 ‘.

El estado de ánimo seguía enrarecido cuando empenzamos la sesión de la mañana. Después de la práctica de mindfulness (que para mí estaba empezando a parecerse demasiado a una oración matutina), algunas de los participantes hablaron sobre cómo se sentían. Estábamos dejando que el miedo nos detenga de lo que podría haber sido una experiencia irrepetible.

Nadie parecía contento. Ni el capitán, ni la tripulación, ni Greg. Yo tampoco.

Me sentí desconectada del grupo y busqué la conversación entre la tripulación. Fue agradable hablar con Julieta sobre cómo me sentía. El programa era demasiado paternalista y no sabía cómo gestionarlo. Me ofrecieron mate y compañía. Por un momento, me sentí mejor y más segura fuera de lo que era el “espacio seguro”.

Fuimos a explorar con las zodiacs. ¡Orcas! El primer grupo apareció en el lado izquierdo, 1 macho y 2 hembras. El segundo apareció por la derecha. No sabría decir cuántas había, pero los dos grupos se fundieron en un solo de más de una decena. Fue increíble. Sentí la alegría de estar allí.  En ese momento  era solo yo y las orcas. Me olvidé del grupo y Rothera. Apoyada en la proa de la zodiac disfruté del frío en mi cara. De fondo Julieta nos explicaba los secretos del ecosistema. Por primera vez en dos largos días, me sentí bien. Al regresar al barco fui a la cubierta inferior, a mi escondite y esperé allí hasta la hora de la cena.

Había lentejas para cenar. Odio las lentejas. Fabián vio mi cara, me guiño un ojo y me trajo pollo del menú de la tripulación. Durante el almuerzo, hablé con las chicas de cuál debería ser mi estrategia para los próximos años.

-Enfócate en la ciencia y el resto vendrá con el tiempo.

Ni siquiera estoy segura de lo que realmente significaba, pero aquella gran reflexión parecía tener sentido entonces.  Después del almuerzo, Greg y el capitán nos reunieron en el salón. Había un cambio de planes. Nos mostraron el pronóstico del tiempo y nos dijeron que iríamos a Rothera durante la noche. Las condiciones eran buenas y valía la pena intentarlo.

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 16

2 de marzo de 2018

Canal Neumayer 

64° 47′ 26″ S63° 8′ 21″ W

Buenos días Zarigüeyas, el desayuno estará listo en 5 ‘.

Habíamos cambiado de habitaciones. Dejé mi camarote en primera clase con Justine, para disfrutar de la tercera clase y de Isabel Zang Zang. Éramos un combo peculiar, como eran nuestros nombres. Dejamos a la suerte decidir quién iba a dormir en qué litera.  Mi piedra derrotó a sus tijeras. Me había ganado la litera de arriba y su ojo de buey. Me gustaba. Pasamos la tarde juntas caminando por la cubierta, después de más de una semana juntas en el barco a penas nos conocíamos.

El dilema de base de Rothera:

10 ‘después de la cena la faculty nos llamó para unirnos con ellos en el salón. Querían que les ayudáramos a tomar una decisión. ¿Ir a la Base Rothera o no? He ahí la cuestión.

El estrecho a través de la cual deberíamos cruzar hacia Rothera estaba bloqueado por el hielo. Eso significaba que tendríamos que pasar la noche navegando en mar abierto, en un mar sin calma. Nos pidieron opinión como si en verdad tuviéramos voto. El miedo a marearse crecía en las que habían estado sufriendo hasta ahora y algunas lágrimas empezaron a brotar. Quienes querían ir a toda costa, por un lado, quienes no querían en el otro y aquellas que no sabían o no querían opinar, todas en un limbo emocional innecesario. La discusión continuó demasiado tiempo y dejó a todos con un sabor amargo en nuestras bocas. El faculty nos dejó allí, para regresar diez minutos y decirnos que, aunque hubiéramos llegado hasta aquí, no íbamos a ir a Rothera.

La habitación se fundió a negro. Las que no querían ir lloraron en una mezcla nerviosa de alivio y culpa. Las que sí, sentíamos rabia y frustración.  Mi decepción y yo nos fuimos a la cama.

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 14

1 de Marzo de 2018

Port Lockroy

64° 49′ 31″ S, 63° 29′ 40″ O

Buenos días zarigüellas, el desayuno se servirá en 5’.

Cuando descubrí que había una oficina de correos en la Antártida ya era demasiado tarde. En un gran ejercicio de previsión había mandado todas las postales desde Ushuaia, porque sabía que a la vuelta no tendría tiempo de hacerlo. Sentí como si el pecho se me doblara por dentro. No sabía que me pasaba, pero cuando Julieta me preguntó que como estaba no pude por menos que echarme a llorar. Toda esa gente que me había apoyado y esperaba su postal podía haberla recibido desde la Antártida y no desde Ushuaia si yo no fuera una empanada. Julieta me arropó y me dejo llorar el disgusto mientras intentaba hacerme reír.

Cuando se me paso el mal rato me dediqué a pensar en los pingüinos. Daba igual donde fuéramos siempre estaban allí, rechonchos, caminando indiferentes al mar de caca y vómito sobre el que se desplazaban.

Habíamos llegado al ecuador del viaje. Nos merecíamos un descanso.

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 13

27 de Febrero 2018

Cuverville, Canal de Errera

64° 41′ 00″ S, 62° 38′ 00″ O

Buenos días zarigüellas, el desayuno se servirá en 5’.

La mañana empezó con Fabian leyéndonos un cuento sobre un pingüino miedoso. Me dejé llevar y seguí sus aventuras como si fueran las mías. Me di cuenta cuanto echaba de menos pasar las tardes escondida entre libros.

Tras el cuento empezamos la sesión de visibilidad que derivaría en discutir los estereotipos a los que nos enfrentamos las mujeres científicas. Fue desolador escuchar las experiencias que algunas valientes se atrevieron a compartir. Pasando por la sutil condescendencia hasta un mi supervisor de tesis mordiendo una teta. Si aquello era lo que podía contarse, me pregunté qué esconderían los silencios del resto.

Después de comer nos adentramos en el estrecho de Errera. Navegábamos entre hielo y ballenas. La sesión de coaching de la tarde, no pudo hacerle frente a tan sublime paisaje. Me escabullí por el comedor y salí a cubierta con Mel y Hilary. Cuando volvimos al salón, Greg nos miraba con ojos traviesos:

-Parece que alguien no ha podido resistirse…

Llegamos a Curverville. Poco a poco los pingüinos fueron acomodándose a nuestra presencia. Nos colocamos en un semicírculo y leímos las cartas a los pingüinos que Paola había traído desde distintas escuelas en los rincones más recónditos de Colombia. La mía era de un pequeño que decía:

La Antártida no le pertenece a nadie y existe la libertad.

Mientras nosotras leíamos, los pingüinos hacían sus cosas de pingüinos ( entrar y salir del agua, tropezarse con las piedras, chocarse unos con otros) completamente ajenos a nuestro gesto de agradecimiento a aquellos niños que supieron ilusionarse con la idea de salvar el planeta.

Volvimos al buque escoltados por una foca leopardo casi tan grande como la zodiac. Engullí la cena. Quería subir al puente a ver si conseguía ver las orcas. Llevábamos buscándolas todo el día y no habían aparecido.  Cuando llegué al puente estaban Cata, Julieta, Natacha y un par de oficiales. Pasé un ratito oteando el horizonte sin mucho éxito. El rosa se mezclaba con el hielo y la luna salía entre las montañas como si compitieran a ver quién era la más bonita.

-Orcas a la una y media- grité.

– ¿Seguro que son orcas? – dijo Alan.

– Sí.

Sentí como simultáneamente el buque viraba a babor y mis mofletes se sonrojaban de la emoción. Tenía el corazón calentito.

La luna se ponía a nuestra espalda mientras disfrutábamos de la puesta de sol.

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 12

26 de Febrero 2018

Palmer Station.

64°46′12″S 64°3′00″O 

Buenos días zarigüellas, el desayuno se servirá en 5’.

Adriana se había colado en mi cuarto para grabar el inicio del día. Sabía que estaría allí pero aun así me sorprendió. Me grabó desperezándome y bajando a desayunar. Tuve suerte, Greg estaba allí. Me senté con él. Me contó cómo el día de antes había estado observándonos desde el puente. Estuve a punto de avisar al resto de que había ballenas en la proa, pero no lo hice- me dijo. Mientras nosotras disfrutábamos del espectáculo él nos regaló la intimidad de aquel mágico momento.

Rebeca, la gerente de la estación, llegó al Ushuaia acompañada del técnico de laboratorio más alto que he conocido nunca. Su cabeza rozaba el techo del salón. Nos explicaron los programas científicos de USA y las distintas estaciones que tenían en la Antártida. Me sorprendió descubrir que la estación situada en el Polo Sur esta sobre una capa de hielo que se mueve 30 pulgadas al año por lo que de vez en cuando tienen que recolocar la marca para que esté donde toca. Al volver a la estación 10 de sus investigadores subieron al Ushuaia e hicimos una especie de speed dating. Entre ellos estaba la mujer más joven en invernar en el polo sur Marissa Goerke. Su historia fue cautivadora. Hablaba desde la seguridad de saber el respeto y admiración que causaría en nosotras lo que había conseguido. Tenía razón. Pasamos una tarde frenética entre LSI, strategy map y LSII. Cuando llegaron las 6 estábamos entrando en Paradise Bay para llegar a Gerlache.

El espectáculo no se hizo esperar. Menos de 15’ minuto después las ballenas empezaron a cruzar la proa del barco. Estaban tan cerca que parecía irreal. Los gritos se agolpaban frente las mamparas del buque. Ilusión, nervios, sorpresa. En aquella vorágine me escondí en el puente para guarecerme del frío y poder quedarme más tiempo. Al salir me encontré con Paola llamando y diciendo: te estaba buscando y no te encontraba. Esto no podía ser más precioso. Lo conseguimos. No es eso vieja, esto es tan bonito que duele.

 

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 11

25 de Febrero 2018

Neko Harbour, Andvord Bay

64°50′S 62°33′W

 

 Llegamos a Danco en el canal de Errera a eso de las 10. Teníamos que hacernos fotos para los sponsors así que nos quedamos juntas y fuimos en los dos últimos botes. Alicia y Alex en uno. Uxua, Adriana y yo en otro. No me apetecía subir a la montaña con el resto de la gente. El buque es grande pero no hay muchos espacios donde poder estar solo.

 

Me quedé junto a las rocas y pasé la excursión con Cata y Julieta, las líderes de la expedición. Entre las dos llevaban el ritmo de la expedición y se aseguraban de que todo fuera bien. Eran bien relindas las flacas. Fue un soplo de aire fresco hablar con ellas. Dejar por un momento el coaching, LSI, 4mat a un lado y charlar un rato.

 

Cuando volví al barco, tenía los pies congelados. Me metí en la ducha y casi me escaldé los pies con el agua. Decidí subir a la proa y disfrutar de la navegación sentada en la campana. Purvi llegó a hacerme compañía, poco después infinidad de ballenas empezaron a romper la superficie del agua. Estaban por todas partes.  Greg, como siempre nos miraba divertido desde el puente.

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 10

24 Febrero   2018

Norte del Estrecho de Gerlache

En algún lugar entre  63°44′S61°37′W y  63°40′S 60°47′W

Hemos pisado la Antártida por primera vez. La punta del continente helado. Aún no me acostumbro a tener frio en los pies. A veces la sensación de desamparo es tan grande que, aunque mi cabeza quiere quedarse en tierra, mi cuerpo solo piensa en volver al calor del buque.

-Julieta-Julieta, Julieta-Julieta

-Tin-Tin, Tin-Tin, recógelos y regresa al Ushuaia con paseo por los icebergs

-Te copio Julieta, Te copio.

Recorrimos un mar de hielo. Creo que no habría foto, ni relato que pueda describir la belleza de lo que albergan esas aguas gélidas de la Antártida. Es monstruosamente bello. Un Ohh perpetuo resuena al unisono en el salón cuando las ballenas rompen la superficie del mar. A veces basta que una sola persona las vea para alimentar la imaginación del resto. Me dan muchas ganas de señalar al vacio y gritar ¡Ballena! Solo pro ver si alguna de ellas consigue verlas, aunque no estén.

A la vuelta del paseo subí al puente. Me costó abrir la puerta, pero uno de los oficiales me dejó entrar. Creo que se habían olvidado de colgar el cartel que nos mantiene fuera. Trabajaban en trazar la ruta por la que navegaríamos en 5 días. Compás, carta náutica. Me explico cómo es difícil navegar dentro de lo legal en la Antártida. Las imprecisiones de las cartas y lo difícil de su tarea. Fue un ratito de aire fresco entre sesiones de liderazgo y estrategia.

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 9

23 de febrero de 2018

Isla Paulet 63 ° 35’S 55 ° 47’W

Altura 75cm (30in), peso 5kg (11lb). Los pingüinos Adelie fueron nombrados en honor a la esposa del explorador francés Dumont d’Urville, quien descubrió la especie por primera vez en 1837.

La caca de pingüino es particularmente pegajosa. Ni mejor, ni peor que la de las gaviotas, pero me hizo pensar que su viscosidad era singular. Toda nuestra ropa, nuestro equipo estaba cubierto de caca. Es curioso ver  como después de un tiempo ni siquiera lo notas. El hedor se convierte en parte de tu vida diaria e incluso comienzas a disfrutarlo.

Paulet Island, es una pequeña isla medio cubierta de hielo, medio cubierta de pingüinos. Aquí si tiene sentido explicaros por qué los pingüinos siempre tienen prioridad. No puedes acercarte a ellos más de 3 metros. Pero, si un pingüino curiosea a tu alrededor, y ten por seguro que lo harán, debes quedarte quieta y esperar. Cuando se aburra y se alejen puedes volver a moverte y a hacer tus cosas de explorador normal y corriente.

Paulet tiene una pequeña cabaña, fue construida por los supervivientes del naufragio de una expedición sueca a bordo del Antartic. En 1903 tras el naufragio el capitán Otto Nordenskjöld dejó la isla y fue en busca de ayuda a una estación “cercana”. Después de un largo viaje y todo tipo de casualidades volvería a Paulet para rescatar a “sus hombres”. Contento por su logro haría sonar la bocina del barco esperando que sus hombres salieran a darle la merecida bienvenida. Pero no salió nadie. Supongo tan enfadado como curioso bajo a tierra para descubrir a una veintena de escandinavos atascados en el entusiasmo de salir por la puerta de la cabaña.

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 8

22 Febrero  2018

The Great Wall 62°12’35.40″ S, 58°57’26.39″ O

¡Buenos días, zarigüellas! El desayuno estará servido en cinco minutos. Después tendréis tiempo para prepararos para visitar la base china: La Gran Muralla.

Sólo desayuné fruta. Tenía la sensación de que estaba comiendo más de lo que mi cuerpo quemaba en barco. La visita a La Gran Muralla parecía un asunto bastante sensible. Antes de bajar nos dieron un croquis que especificaba las zonas en las que estábamos autorizadas para transitar.  La verdad es que hubiera bastado con decirnos, ¡no os mováis de la plaza! Allí las 80 intentábamos, sin mucho éxito, hacernos fotos con el gong, los dos dragones sin que saliera nadie más en la foto. Aún así fue divertido. Mientras nosotras nos entreteníamos, tres señores vestidos con monos azules nos vigilaban imperterritos. Tanta seguridad se debía a la visita de alguien muy secreto a quien vimos llegar en avión pero a quien obviamente no tenemos ni idea de quien era.

Tuvimos un poco de tiempo libre antes de la cena. Pero, Fabian y Marshall nos llamaron para preparar el grupo de género. La reunión estuvo bien y sirvió para organizar el World Café del día siguiente, pero no tuve tiempo para preparar mi Simposio en el Mar. Estaba un poco nerviosa. El día de antes lo había pasado regulinchis en una de las sesiones de la tarde. Estaba un poco saturada y frustrada por no conseguir intervenir en las conversaciones al ritmo que me gustaría. Además, me había puesto la losa de que quería ser graciosa en inglés y me daba miedo no serlo. Lloré un poquito mi enfado con Charlene y Melissa y decidí que si no lo era no pasaba nada, pero que tenía que intentarlo. Convertí mi debilidad en un gag y cuando me di cuenta se estaban riendo. De alguna manera yo también sonreí por dentro.

A mitad de la sesión de la tarde Greg bajo del puente. No solía bajar cuando estabamos trabajando. Era evidente que algo pasaba. Pero, no nos imaginábamos qué era.  Segundos más tarde señaló la ventana, no hizo falta explicar nada más. Mazacotes del tamaño de un polideportivo pasaban uno detrás de otro junto al barco.

Era tan bonito que dolía. La anfitriona de la sesión de la tarde ni siquiera intento recuperar nuestra atención. Nos dejó disfrutar de aquel momento. De la inmensidad del hielo arañando nuestras retinas. Los elaborados discursos del Simposio en el Mar, se convirtieron en el balbuceo de un niño de tres años Halaaaa, ooooo, miraaaaa.

Por fin se hacía realidad. Habíamos llegado.

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 7

21 de Febrero de 2018

Base de Carlini 62°13’60.00″ S 58°39’59.99″ O

¡Buenos días, zarigüellas!

Elipsis narrativa en la que desayuno tranquilamente y me voy a dar vueltas al barco.

Era uno de esos días que el tiempo no se encuentra a sí mismo. Quería llover, pero no. Fuera del barco la neblina hacia que la luz indecisa no supiera si bailar con el gris ceniza o el amarillo ahumado. Dentro era el turno de Justine. Todas sabíamos quién era, pero aun así ella se presentó: Soy Justine Shaw, trabajo en la Universidad de Queensland y nunca he tenido un trabajo fijo.  No supe entender porque hacía de aquello una bandera, pero supongo que la impertérrita vida de postdoc acaba definiendo como te relacionas con el mundo, acaba siendo tu mundo.

Entre icebergs, nos explicó el tratado Antártico, una joya en gobernancia interacional.  Nadie es soberano en la Antártida. 29 países, incluyendo España, son firmantes del tratado y están involucrados en los procesos de toma de decisiones. 21 son observadores sin derecho a voto. Con el tiempo estos últimos podrán votar. Aquellos que no firman el tratado, ni son observadores, no tienen obligación de someterse al tratado por lo que en teoría podían hacer lo que quisieran en la Antártida. Sin embargo, los países firmantes aún tienen poder sobre ellos gracias a las presiones políticas, diplomáticas y económicas.

Después de la charla bajamos a la base Argentina de Carlini. La visita ha sido muy divertida. El equipo de buzos nos ha explicado todo el material y el tipo de inmersiones y estudios que desarrollan. Presumen de directora científica de la base Dolores Deregibus.

Roxana Falconero y Ayelen Ríos  investigadoras en la estación, nos han contado cómo a consecuencia del cambio climático los skuas (una especie de ave marina) han ido ganando terreno a los petreles gigantes (otra ave marina). Al parecer los skuas son mucho más flexibles en cuanto a dieta y comportamiento. Por ejemplo, son capaces de construir sus nidos con los musgos que han aparecido en la tierra emergida tras el deshielo. Además, los skuas son mucho más agresivos y poco a poco han ido desplazando a los petreles al ganar cuando compiten por comida.