BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 8

22 Febrero  2018

The Great Wall 62°12’35.40″ S, 58°57’26.39″ O

¡Buenos días, zarigüellas! El desayuno estará servido en cinco minutos. Después tendréis tiempo para prepararos para visitar la base china: La Gran Muralla.

Sólo desayuné fruta. Tenía la sensación de que estaba comiendo más de lo que mi cuerpo quemaba en barco. La visita a La Gran Muralla parecía un asunto bastante sensible. Antes de bajar nos dieron un croquis que especificaba las zonas en las que estábamos autorizadas para transitar.  La verdad es que hubiera bastado con decirnos, ¡no os mováis de la plaza! Allí las 80 intentábamos, sin mucho éxito, hacernos fotos con el gong, los dos dragones sin que saliera nadie más en la foto. Aún así fue divertido. Mientras nosotras nos entreteníamos, tres señores vestidos con monos azules nos vigilaban imperterritos. Tanta seguridad se debía a la visita de alguien muy secreto a quien vimos llegar en avión pero a quien obviamente no tenemos ni idea de quien era.

Tuvimos un poco de tiempo libre antes de la cena. Pero, Fabian y Marshall nos llamaron para preparar el grupo de género. La reunión estuvo bien y sirvió para organizar el World Café del día siguiente, pero no tuve tiempo para preparar mi Simposio en el Mar. Estaba un poco nerviosa. El día de antes lo había pasado regulinchis en una de las sesiones de la tarde. Estaba un poco saturada y frustrada por no conseguir intervenir en las conversaciones al ritmo que me gustaría. Además, me había puesto la losa de que quería ser graciosa en inglés y me daba miedo no serlo. Lloré un poquito mi enfado con Charlene y Melissa y decidí que si no lo era no pasaba nada, pero que tenía que intentarlo. Convertí mi debilidad en un gag y cuando me di cuenta se estaban riendo. De alguna manera yo también sonreí por dentro.

A mitad de la sesión de la tarde Greg bajo del puente. No solía bajar cuando estabamos trabajando. Era evidente que algo pasaba. Pero, no nos imaginábamos qué era.  Segundos más tarde señaló la ventana, no hizo falta explicar nada más. Mazacotes del tamaño de un polideportivo pasaban uno detrás de otro junto al barco.

Era tan bonito que dolía. La anfitriona de la sesión de la tarde ni siquiera intento recuperar nuestra atención. Nos dejó disfrutar de aquel momento. De la inmensidad del hielo arañando nuestras retinas. Los elaborados discursos del Simposio en el Mar, se convirtieron en el balbuceo de un niño de tres años Halaaaa, ooooo, miraaaaa.

Por fin se hacía realidad. Habíamos llegado.

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 7

21 de Febrero de 2018

Base de Carlini 62°13’60.00″ S 58°39’59.99″ O

¡Buenos días, zarigüellas!

Elipsis narrativa en la que desayuno tranquilamente y me voy a dar vueltas al barco.

Era uno de esos días que el tiempo no se encuentra a sí mismo. Quería llover, pero no. Fuera del barco la neblina hacia que la luz indecisa no supiera si bailar con el gris ceniza o el amarillo ahumado. Dentro era el turno de Justine. Todas sabíamos quién era, pero aun así ella se presentó: Soy Justine Shaw, trabajo en la Universidad de Queensland y nunca he tenido un trabajo fijo.  No supe entender porque hacía de aquello una bandera, pero supongo que la impertérrita vida de postdoc acaba definiendo como te relacionas con el mundo, acaba siendo tu mundo.

Entre icebergs, nos explicó el tratado Antártico, una joya en gobernancia interacional.  Nadie es soberano en la Antártida. 29 países, incluyendo España, son firmantes del tratado y están involucrados en los procesos de toma de decisiones. 21 son observadores sin derecho a voto. Con el tiempo estos últimos podrán votar. Aquellos que no firman el tratado, ni son observadores, no tienen obligación de someterse al tratado por lo que en teoría podían hacer lo que quisieran en la Antártida. Sin embargo, los países firmantes aún tienen poder sobre ellos gracias a las presiones políticas, diplomáticas y económicas.

Después de la charla bajamos a la base Argentina de Carlini. La visita ha sido muy divertida. El equipo de buzos nos ha explicado todo el material y el tipo de inmersiones y estudios que desarrollan. Presumen de directora científica de la base Dolores Deregibus.

Roxana Falconero y Ayelen Ríos  investigadoras en la estación, nos han contado cómo a consecuencia del cambio climático los skuas (una especie de ave marina) han ido ganando terreno a los petreles gigantes (otra ave marina). Al parecer los skuas son mucho más flexibles en cuanto a dieta y comportamiento. Por ejemplo, son capaces de construir sus nidos con los musgos que han aparecido en la tierra emergida tras el deshielo. Además, los skuas son mucho más agresivos y poco a poco han ido desplazando a los petreles al ganar cuando compiten por comida.

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 6

20 de Febrero de 2018

Half Moon Island 62° 30’ S 60°O

 

¡Buenos días zarigüellas!

Poco a poco mi cuerpo se va acostumbrando al mar y a las pastillas que nos dio la doctora. Me levanto con ilusión. Vamos a bajarnos del barco por primera vez y eso siempre tiene su intríngulis.

Julieta, Cata y Natascha nos explican todas las cosis que necesitamos saber para poder bajar a tierra en las zodiacs. Julieta, es una flaquita menuda de ojos claros, cara afilada y piel dorada por el sol que suple su falta de talla con un simpático y arrollador carácter.  Cata, bien encofrada por dentro y por fuera, consciente de lo intimidante de su cuerpo esbelto no dudaría en usarlo para hacernos entrar en razón. Natascha, rubia de ojos azules, escondida en la retaguardia de sus sudaderas, nos supervisaba atenta y meticulosa hasta lo obsceno. Juntas capean dentro del barco los temporales de visitantes, mientras el resto de la tripulación capea los temporales contra el mar. De entre todas las cosas lógicas que nos explicaron como por ejemplo que hay que limpiarse la ropa y los zapatos antes de bajar a tierra para evitar el transporte e introducción de especies y contaminantes, que no vale con darse la manita para subirse a la zodiac hay que agarrar la mano del marinero desde el antebrazo, para que así si tú te escurres o él se escurre el otro aún tenga oportunidad de mantenerte sujeto. Y mira oye, eso que te llevas… Pero sin lugar a dudas las dos que más me gustaron fueron las de “a la Antártida se viene comido, meado y cagado” y “los pingüinos siempre tienen prioridad”.   Si tiene usted una urgencia, no hay problema, avisa y piti piti piti de vuelta con la zodiac al barco. Cuando acabe de gestionar sus apremiantes necesidades piti piti piti de vuelta a tierra y todos tan contentos. Lo de los pingüinos tienen prioridad os lo cuento en la próxima bitácora.

Cuando acabaron de explicarnos todas las normas empezamos la clase de aves marinas y pingüinos. Solo diré que fue tan decepcionante como su título. Para empezar, no entendí la necesidad de separar a los pingüinos de las aves marina. Cierto es que no vuelan, pero huelen exactamente igual de mal que el resto.  Y segundo, las gaviotas, charranes, skuas quedaron totalmente olvidados en un mar de albatros.

 Llego el gran momento. Parapetadas en mallas, pantalones impermeables, polares, gorros, guantes y chalecos salvavidas esperamos inquietas en el salón. Aspiramos nuestras mochilas y desinfectamos nuestras botas. Por un momento la paranoia se apoderara del barco en una limpieza compulsiva. El marinero que lleva nuestra zodiac se llama Xoel, no lleva guantes y tiene las manos cuarteadas por el mar. Protege su cara del viento con un tupido bigote y un pañuelo granate con rombos dorados. Hay quién tiene clase hasta en el mar. Estoy tan incómoda con tanta ropa que casi no puedo moverme. Nos ayudan a desembarcar y Greg nos explica por dónde podemos ir. Llueve bastante y apenas acierto a colocarme la visera del gorro con los dos pares de guantes puestos.

Al fondo del camino dejando un gran glaciar vigilado por leones marinos a la izquierda está la base Argentina de Camara. El infante de marina Andrés de Magallanes nos recibe sonriente enfundado en su chándal gris. Nos presenta a “sus hombres” y nos invita a tomar jugo y pastas. La sala esta recién reformada, pero podría ser un salón de casa de abuela, llena de recuerdos colgados en las paredes y unos sofás tapizados en flores estilo años 70.

Me siento con Alicia y Paola a charlar con él. Nos cuenta como se dedican a mantener la base y presume de que tienen muchas mujeres, muy contentas, en su base. Paola de da un amigable rapapolvo sobre la figura de la mujer en el ejercito. Al infante de marina Andrés de Magallanes no le valen las medallas para contestar. Se siente un acorralado por nuestra abrumadora insistencia y pide ayuda a uno de sus subordinados que se ríe divertido mientras contesta. Paola es tan consciente de ello como buena embajadora de su tierra, y para firmar la paz le regala una sonrisa y una bolsa de café colombiano. Una de cal y una de arena. 

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 5

19 de Febrero de 2018

Estrecho de Drake

 

¡Buenos días, zarigüeyas! El desayuno estará listo en cinco minutos. Desde el puente la voz de Greg resuena en nuestros camarotes y nos devuelve a la vida abordo.

-Esto se mueve. Esto se mueve fuerte. Agarrada a la barandilla de la cama intento decidir cual será mi próximo e intrépido movimiento. No sé si han sido las pastillas de la doctora, o el tran-tran con el que se mece el Ushuaia, pero he dormido casi doce horas del tirón y no me siento la cara. Voy a esperar un poco a ver si  me espabilo. Es inútil, me envalentono y bajo, sorteando con bastante poca gracia las paredes bailongas que se empeñan en chocarse contra mí. Desayuno con Alice. Casi no hablamos. No pasa nada nos estamos acostumbrando al barco y son las 8 de la mañana. Ya habrá tiempo. Obediente que soy, sigo las instrucciones de la doctora y me tomo la segunda pastilla. Subo a mi camarote, me tumbo en la cama y cuando me quiero dar cuenta es la hora de comer.

-Qué día gastado a lo tonto, voy a ducharme por lo menos.

Uy qué gesta esa de ducharse en un mar bravío. Me meto en la ducha y tengo la certeza de que mi psicomotricidad me ha abandonado. Mientras el mar me vapulea desisto en intentar no mojarme el pelo. Tras varios golpes contra las paredes y un conato de reventarme contra el suelo, desarrollo una táctica tan infalible como artesanal: Espalda y culo apretadicos en la esquina, piernas en ángulo de 45º haciendo tope contra el borde de la ducha y la pared. Las manos quedan libres, pero no conviene precipitarse a la hora de enjabonarse. Hay que esperar a que el barco esté subiendo la ola para echarse el jabón y dejar que este haga efecto cuando baja. He quedado limpísima, no me vuelvo a duchar hasta que no salgamos de mar abierto.

Pasé el resto de la tarde escribiendo mi diario con las chicas. Uxua presumía de diario minimalista, mientras Alex y yo nos empeñábamos por suplir nuestras distraídas habilidades plásticas con entusiasmo. Mientras tanto Alicia y Adriana combinaban con gracia, colores y  risa.

 

 

 

 

 

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 3

18 de Febrero de 2018

Ushuaia, Tierra del Fuego 54°48′26″S 68°18′16″O

Homeward Bound se prepara para partir. El barco dejará el puerto de Ushuaia a eso de las 18. La espera es agotadora.  El ambiente es extraño. Hay quien tiene miedo, quien tiene emoción, nervios, ilusión… Y hay quienes lo tienen todo.

Yo, no tengo claro lo que siento. Es un poco raro que por fin haya llegado el día. No dejo de apretarme los pulgares y de atrapar los nudillos de una mano con los de la otra mano. Igual sí que estoy un poquito nerviosa.   Tras el desayuno hemos tenido un ratito de reunión en el que nos han explicado un poco como iba a ser la logística para dejar el hotel e ir al barco. Durante ese ratito también hemos tenido tiempo para compartir con el resto del grupo como nos sentimos. Supongo que así unas pocas verbalizaban lo que todas estábamos sintiendo. Adriana se ha levantado y ha contado como su compañera de cuarto se ha despertado a media noche gritando desconsolada porque se había olvidado su maleta especial. No sabía qué había en su maleta que la convertía en un objeto tan especial, pero, al parecer, llevaba teniendo ese sueño desde que había empezado su andadura en Homeward Bound. Yo sentada al otro lado de la sala, contemplé como mi compañera de cuarto había conseguido convertir mi pesadilla en algo útil para todo el grupo. Suponía que todas teníamos una maleta especial y era importante no olvidarse de ella. La sala aplaudió y yo no pude por menos que levantarme y decir: Por cierto, la de la maleta era yo.

Ya habíamos bajado las maletas y empezamos a saturar el wifi del hotel llamando a casa. Antes de montarnos en el bus al barco, teníamos que ver como metían nuestra maleta en el camión. Así se aseguraban que todas llegaban. La mía, al ser especial, entro la última en el camión igual que yo en el autobús.

 Llegamos al barco a las 16. Todo pasó muy rápido, pasaportes, habitaciones, chalecos salvavidas, zafarrancho de abandono… Después del caos nos dieron una copa de champán. Yo que normalmente tengo gustos más austeros, creo que no supe apreciarlo. Me apetecía ver salir el barco del puerto a través del canal. Había un poco de niebla y apenas podíamos ver 100-200 metros. Aun así, subí a la cubierta sobre el puente con Paola y Adriana.

– Sabéis que esta es probablemente la copa de champán más cara de nuestras vidas. 

– ¡Cállate vieja!

– Por nosotras- rieron.

Aproximadamente a eso de las 3 de la madrugada saldríamos a mar abierto y nos enfrentaríamos con el temido estrecho de Drake. La doctora Delia, una venezolana de pelo rapado, mono azul y gafas rosas, apareció en el comedor con una bolsa de plástico llena de pastillas para el mareo.

-Aquí las pastillas para el mareo, os tomáis una ahora y otra mañana a las ocho de la mañana. Si os da sueño os vais a dormir y tan a gusto.

Se abrió la veda. Cada una de nosotras estaba dispuesta a contarle nuestra casuística y nuestro particular remedio para el mareo.

-Me da igual si estáis tomando pastillas, parches o lo que queráis. Os tomáis las mías también.

-Pero

-Te tomas una ahora y otra mañana por la mañana.

Me pareció estupendo. Me tomé la pastilla y me fui a dormir. Ya había tenido suficientes emociones por un día.

 

*El día 17 no fue un día muy exótico y he decidido saltármelo.

 

BITÁCORA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA HOMEWARD BOUND 2018· DÍA 2

16 de Febrero de 2018

Ushuaia, Tierra del Fuego  54°48′26″S 68°18′16″O

Me hubiera gustado dormir un poco más. Remoloneé un poco entre las sábanas, pero sabía que si me quedaba en la cama no tendría tiempo para desayunar y llamar a casa. Empezamos la sesión a las 8.30. No pude resistirme a sentarme en primera fila. Esa mala costumbre de empollona de la clase seguía atormentándome.

La primera en hablar fue Kit. Era más alta, más flaca y más rubia de lo que parecía en las llamadas. Su pelo corto y sus gafas de alambre le daban un toque ejecutivo que un ajustadísimo vestido azul brillante se encargaba de confirmar. Simpática, pero seca, enviaba un mensaje un tanto contradictorio, que nos dejaba pensando: Pero ¿Y esta señora…? Nos explicó la dinámica del día y dio paso a una alegre y chispeante Karen quien lucía un micro a lo Madonna con bastante dignidad. Dos muletillas se cruzaban en su discurso. Un recurrente ahhhh y un siseo un tanto molesto. Después de un rato mi cerebro dejo de fijarse en ellos y pudo concentrarse en el mensaje.

Durante aquella mañana trabajaríamos en grupos para aprender qué significa tener una conversación y lo que es más importante cómo tenerlas.  He de reconocer que mi escepticismo crecía por momentos. Consciente de ello, decidí dejar aplacar al (orco) crítico que hay dentro de mí y disfrutar de lo que me trajera la mañana.  El punto álgido llego antes de comer cuando nos enseñaron a dar y recibir críticas, esto solo da para otra entrada de blog. Allí fue cuando conocí a Jill y a Xuehua. Jill, era un poco más alta que yo, llevaba una coleta rubia y una postura un tanto forzada. Cuando descubrí que era veterinaria en la reserva del ejército americano no pude evitar pensar ¿Qué hace esta señora aquí? Tardaría poco en descubrir que lo mismo que yo, intentar construir alternativas a un mundo con una sostenibilidad distraída. Xuehua, de pelo negro, largo y liso. Parecía tímida pero curiosa, como una ardilla en medio del bosque. Aquella ardilla resultó ser catedrática en política medioambiental y cambio climático en la Universidad de Sichuan.

Seguimos trabajando en ello toda la tarde. Sarah parecía invisible en aquella mesa. Se había reservado un rincón silencioso desde el que nos observaba con ojos brillantes. Fabian, la creadora del programa, nos pidió que trabajáramos por parejas con alguien con quien no hubiéramos trabajado antes. Di la vuelta a la mesa, me planté delante de ella y le pregunté:

-¿Quieres ponerte conmigo?

-¡Claro!- Fue la primera vez que vi su sonrisa valiente. Me gusta Sarah, pensé.

– Cuéntame, ¿A qué te dedicas?

– Soy pediatra, investigo los factores que determinan la malnutrición infantil y cuáles son las maneras más eficaces de combatirla. – Su descripción fue mucho más larga y detallada, pero creo que por ahora con esto puede valer.

Me contó que durante los últimos diez años había visitado, y vivido, en la mayoría de los países de oriente medio y el sur de Asia. Pero ya estaba un poco cansada de su vida nómada y estaba lista para echar raíces. Cuando la oí me pregunté si yo en algún momento querría echar raíces, y si cuando quisiera, podría. Me preguntó a qué me dedicaba y el síndrome del impostor me abofeteó de nuevo… Yo estudio gaviotas, empecé. Pero algo del trabajo hecho durante todo el año se sobrepuso y le explique con gracia lo importantes que son los modelos en ecología de poblaciones para proteger la biodiversidad frente a los retos que supone el cambio climático. Olé yo.

Kit interrumpió nuestra conversación y dio paso a Marshall. Un hombre de unos 60 años, calvo y con un ligero sobrepeso que vestía como un monaguillo. Era hora de trabajar individualmente.

-Poneros donde queráis y quiero que respondáis a las siguientes preguntas – Mientras él las hacía, yo las respondía mentalmente.

– ¿Por qué estás en Homeward Bound?

– Porque creo en su visión, creo que es importante visibilizar la figura de la mujer en la ciencia y garantizar su inclusión en los procesos de toma de decisiones a nivel global.

– ¿Qué esperas conseguir?

– Convertirme en una versión mejorada de mi misma y saber qué tengo que hacer para conseguir que la ciencia tenga un mayor impacto a nivel sociopolítico.

– ¿Por qué es importante para ti?

–  Porque quiero contribuir a la construcción de un mundo más respetuoso y más sostenible.

– ¡Madre mía, soy un repollo! – pensé.

– Además, quiero que uséis estas cartas y elijáis cuales son vuestros valores. Necesitáis elegir 10 para cada una de las dimensiones del plan estratégico: Relaciones, trabajo y uno mismo. Ordenarlas de más a menos importante. La sala se llenó de un murmullo agitado.

– ¿En serio? –  Mi orco escéptico volvió a despertarse junto con mis ganas de cenar. Pero por primera vez en todo el día tendría un ratito para estar sola y hacer lo que me apeteciera. Busqué un rincón en la sala y me puse a ordenar mis valores. Tardé más en extender y colocar las cartas que en elegirlos y ordenarlos. Lo que más me sorprendió era que la mayoría de las chicas no tenían tan claro cuáles eran sus valores. Igual sí que hacía falta hacer el ejercicio.

Bitácora Expedición Antártica Homeward Bound 2018· Día 1

15 de Febrero de 2018

Calafate, Patagonia            50°20′22″S 72°15′54″O

Ushuaia, Tierra del Fuego  54°48′26″S 68°18′16″O

Dormí en un hostal muy coqueto en Calafate, a orillas del Lago Argentino. Bueno, dormir, dormir, no dormí. A las 3:42 me sorprendí con los ojos clavados en el somier de la litera de arriba. No sé si fueron los nervios o los ronquidos de Ernesto – un tatuador argentino que dormía en la misma habitación – pero no dormí una mierda. Me pasé las tres horas siguientes esperando a que sonara el despertador. Cuando por fin sonó, ya me había visto los 4 últimos episodios de Sherlock Holmes y no tenía nada para ver en el vuelo a Ushuaia. Me dio igual. Me levanté y corrí a la cocina a desayunar. Allí me esperaba Fernanda, la dueña del hostal, fumándose un cigarro apoyada en la encimera mientras gritaba a los muchachos que entraban en el callejón de su casa que se fueran a mear a otra parte.

– He hecho tostadas, tienes café en la mesa.

–No tomo café, gracias.

–También hay té.

–Tampoco tomo té.

–Ah, ¿y qué tomas?

–¿Tienes cacao?

–Sí, está en el aparador. Ahora viene a buscarte el transfer.

Me comí las tostadas mientras otro par de chavales intentaron decorar el callejón de Fernanda. Pero ella, impasible, les vapuleaba con su lengua argentina. Era divertido verles escapar mientras intentaban abrocharse los pantalones. Entre tanto, el transfer no llegaba. Si se me hicieron largas las 3 horas de la noche, no os imagináis la espera del transfer. Había pasado más de media hora. Yo miraba a Fernanda y Fernanda me miraba con cara de no te preocupes que ya vienen. Pero, el transfer no venía. Poco después descubrí – apostaría que en el   mismo momento que ella –  que Fernanda se había equivocado y había contratado el transfer para el día siguiente. La seguridad de matriarca argentina, se desvaneció ante mis ojos y pensé, verás que al final no llego. 

– Perdóname, hija. Te he llamado un taxi y ya viene de camino. Yo lo pago. Perdóname, perdóname.

 – No te preocupes – mentí.

Casi me da un “parraque”. El taxi llegó enseguida. Pero, la ilusión iba a durarme unos 30 segundos. Según me monto en el taxi, con Google avisándome de que mi vuelo ya ha abierto el embarque y con media Fernanda dentro del coche a través la ventanilla de delante. El taxista nos dice que no puede llevarme al aeropuerto. Sólo a la terminal de autobuses. Fernanda y el taxista discuten pero yo ya no les oigo. 

–Fernanda, señor taxista, hagan ustedes lo que quieran pero yo tenía que estar en el aeropuerto hace media hora. ¿Qué hago? Denme una solución. 

–Hija no te preocupes que llamamos a otro, ya viene. ¡Eh! ¡Será pelotudo el meón! ¡Quita de ahí! ¡Marrano!

¿Entonces la llevo a la terminal o no la llevo?

¡NO! – gritamos las dos. 

En aquel caos en el que cada uno atendía a lo suyo y yo me imaginaba el buque saliendo de Ushuaia hacia la Antártida con 79 científicas en vez de 80… Cuando me quise dar cuenta estaba en un taxi que me llevaba al aeropuerto a 140 km/h mientras me explicaba los puntos de interés paisajístico de la carretera ( aquí el lago, aquí el bosque fosilizado, aquí el cruce…).

– No te preocupes hija, que llegamos.

Llegué al aeropuerto en veinte minutos, facturé por los pelos y cuando me senté en el avión casi me hago pis de la emoción.

Fui la primera del equipo en llegar a Ushuaia. El hotel estaba en la loma de una montaña mirando al canal. Las vistas eran increíbles, las montañas coronadas de hielo parecían moradas con la luz de medio día. Dejé mis cosas en la sala, saludé a algunas de las chicas y me senté a esperar al resto. Cuando vi a Uxua, Alicia, Alex y Adriana subir por aquella escalera fue como si el corazón se me saliera del pecho. De repente, toda la alegría, el apoyo de la gente, la ilusión y el trabajo de un año entero se me salían por los ojos, literalmente, a borbotones. Estuve llorando unas dos horas. La mayoría de las chicas me miraba como si fuera un marciano. Supongo que sólo las que habían tenido que trabajar para conseguirlo lo entendían. Pero a mí ya me daba igual. Lo habíamos conseguido.

#Inturotel #Acciona #Ternua #Bestard #Thinx #Fujifilm #Moleskine

#womeninstem #climatechange

 

Comienza la aventura

Todo empezó un 2 de febrero.  Mi amiga Deborah me envía un link y me dice: Amiga, mira esto, y me cuentas. Te va a encantar. Así es como un febrero normal, sin altibajos, de esos que no aspiraran a ser bisiesto, se convirtió en una aventura. Tengo hasta el día 20 para hacer un vídeo y convencer a Homeward Bound de que soy una tía estupenda, una mega crack, un chalet con vistas a la playa y que ese barco no puede salir de Ushuaia sin mi haciéndome selfies en cubierta.

Será fácil, pienso. ¿Quién puede pasar hoy en día sin un experto en demografía de poblaciones de aves marinas? Es más, ¿Cómo piensan sobrevivir a un viaje a la Antártida de tres semanas sin saberse el nombre científico de al menos siete especies de gaviotas?  Venga, Ana. En serio, eres buena científica y buena divulgadora, tienes cosas que aportar. Deja el síndrome del impostor para otro día y ponte las pilas.  Con no poco esfuerzo consigo hacer un vídeo que,  aunque se escucha regulinchis, es bonito y abre las puertas de la expedición. El  mismo día que me dicen que me han cogido, me rechazan el cuarto artículo de la tesis. Para compensar, supongo.

Al principio no acabo de creérmelo. Pero poco a poco me voy haciendo a la idea. Me voy a la Antártida. Muy bien Ana, ahora sólo necesitas 20.000 euros.